Evolución de las baterías

Evolución de las baterías

El primer a introducir a lo que nombraríamos “baterías” fue Benjamin Franklin, como parte de su exploración en electricidad el 1747, fué el primero en agrupar un grupo de celdas.

Posteriormente vinieron las perdudaderas baterías de plomo ácido, con un voltaje relativamente bueno y también un número relativamente elevado de ciclos de vida, son incluso en ambos aspectos superiores a las posteriores de níquel hidruro metálico (NiMH). Sin embargo, tanto la energía específica másica como volumétrica son bajas, lo que significa que su peso y volumen es muy elevado para almacenar la misma cantidad de energía que otras baterías más evolucionadas.

El paso posterior fueron las baterías de níquel hidruro metálico, tecnología que apareció a finales de los años ochenta y que supuso una buena evolución respecto a las baterías de plomo ácido. Con ellas se mejoraron, sobre todo, las cifras de energía específica másica y volumétrica, permitiendo así disminuir tanto el peso como el tamaño de las baterías. No obstante, y debido a que su voltaje no era superior, dichas baterías se han utilizado, sobre todo, para los vehículos híbridos. Como ventaja adicional de esta tecnología está su menor impacto medioambiental debido a la eliminación del plomo.

Las baterías de ión-litio han sido, de momento, las últimas en aparecer y, salvo por un coste claramente superior, esta tecnología sólo aporta ventajas frente a las precedentes. El voltaje llega a ser dos veces superior a las baterías de plomo ácido y hastra tres veces mejor que las de níquel hidruro metálico. La energía específica es la más elevada tanto volumétrica como másica, con valores que permiten reducir prácticamente a la mitad el peso y el volumen de las baterías de níquel hidruro metálico. Además, llegan a tener hasta 3.000 ciclos de vida frente a los 800 de las de plomo o los 600 de las de níquel.

Pero la evolución de las baterías no ha terminado aquí. Ya se están estudiando nuevos componentes que buscan, ante todo, reducir los pesos y el volumen de estos elementos al tiempo que se mejoran los valores de ciclos de vida y, sobre todo, el coste económico, pues a día de hoy el precio de los diferentes sistemas es proporcional a las ventajas que proporcionan. Según algunos cálculos, el coste en dólares de un kWh de una batería de plomo ácido es de entre 100 y 125 dólares. Dicho coste se sitúa entre los 220 y los 400 cuando se trata de una batería de níquel hidruro metálico, y alcanza valores de entre 250 y 800 dólares si hablamos de baterías de ión-litio. Por esta razon aun hoy en dia a pesar de las prestaciones que puedan tener los otros tipos de bateria las de plomo-ácido són las que acupan más quota de mercado. Aun así la tendencia será desacerse de estas e ir reemplazandolas por otras baterias menos contaminantes i con mayor capacidad de energia.